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     Ángeles y Demonios.

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    Kagome Hi Taisho

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    Fecha de inscripción : 29/08/2011
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    MensajeTema: Ángeles y Demonios.   Lun Ago 29, 2011 9:47 pm

    Wiii!! soy la primera en publicar algo n.n
    Bueno este es un fic que ya lo publique en otro foro, pero bueno como voy a estar por aca tambien, lo hago aca...espero que les guste Very Happy

    Ángeles y demonios.

    Prologo.

    Ella representaba la bondad y la pureza, el la maldad y la oscuridad, ella hacia el bien, el sembraba el mal, ella vivía en el cielo, el en el infierno.
    Ella el más querido ángel, la bella y dulce Kagome, el, el más admirado y temido de los demonios, Inuyasha.

    Eran tan diferentes, como el día y la noche, la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Pero a pesar de todo aquello, ellos compartían algo tan hermoso, un sentimiento que solo algunos mortales tienen la dicha de sentir.
    Pero eso estaba prohibido desde el principio de los tiempos, era algo que no podía ser, aun así aquello era más fuerte, más que su propia razón, ya que lo más importante para ellos era su amor.

    Se conocían desde hacia tres siglos, pero debido a sus diferencias y preferencias, siempre fueron testarudos y no querían aceptar lo que sus corazones sentían. Peleaban contra ese sentimiento, pero aquella muralla entre ellos se desquebrajo a causa de un incidente, el cual Inuyasha fue el protagonista.
    Pero desde ese entonces, al fin hicieron caso omiso a la razón y se dejaron llevar por lo que sentían. De eso no pasaban más que siete décadas.

    Siempre se veían en el mismo lugar cuando tenían que cumplir sus obligaciones con los mortales, un bello y viejo manzano.

    Sabían muy bien que lo que ellos compartían estaba rotundamente prohibido, por eso siempre se veían a escondidas y con mucha cautela de que ningún ángel o demonio pudiesen descubrirlos. Pasaban el mayor tiempo posible juntos, y cuando se separaban era una completa tortura ya que no sabían cuando seria nuevamente necesarios sus servicios con los mortales. Así era su amor, pero ellos eran felices de tener ese sentimiento tan puro y maravilloso.

    <<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

    Un día como tantos otros, un bello ángel descendía de las alturas para hacer su buena obra, con el fin de que un alma no se perdiera por los caminos de la condenación eterna.
    Su cabello era negro como la noche, más con los rallos del sol tomaba una tonalidad azulada, traía puesto un vestido blanco, sin mangas y corto hasta las rodillas. Sus ojos eran de un color chocolate, los cuales expresaban, sin necesidad de palabras, los buenos sentimientos que se escondían dentro de ella. En su cabeza sobresalía una resplandeciente aureola dorada y en su espalda unas hermosas alas.

    Mientras que en el mismo lugar, pero de las profundidades del infierno, ascendía un demonio de cabellos plateados. Sus ojos eran dorados como el oro, era alto y fornido. Traía puesto unos pantalones de cuero ajustados al cuerpo y el torso lo tenía al descubierto, de su cabeza sobresalían unas peculiares orejitas de perro, y en su frente unos pequeños cuernitos, indicando así de quien se trataba.

    Su deber allí era convencer al mortal de seguir el camino correcto, claro según cada uno de ellos. Por su lado, la azabache trataba de persuadir al humano que el bien era el camino indicado, allí no tendría que sufrir en el futuro las decisiones tomadas mientras estaba con vida, pero el ojidorado trataba de convencerlo de que nada le pasaría en el futuro, y que la vida se vive una sola y única vez y tenia que disfrutarla.
    Y como casi siempre salía ganando el peliplateado, ya que a la hora de convencer a alguien era muy convincente.

    —Como siempre te gano, pequeño ángel—le decía con mucha arrogancia el demonio, acercándose lentamente hasta quedar a una corta distancia de la ojimarron—MI pequeño ángel…

    —Tu siempre tan arrogante—haciendo un mohín, la muchacha miro para otro lado—pero…—dándose vuelta y acortando completamente la distancia entre ellos—eres MI arrogante demonio.

    Así Inuyasha termino por apresarla en sus brazos y fundir sus labios con los de ella en un apasionado beso.

    —Ven pequeña, tenemos un tiempo antes de volver—el ojidorado, corto el beso y la separo un poco de sus brazos para poder cargarla como una princesa—vamos a nuestro pequeño refugio.

    —Si amor—la azabache enrollo sus brazos en el cuello del peliplateado, y beso las comisuras de los labios del susodicho—contigo me iría hasta a los mismos confines del infierno—el le sonrió y le beso con ternura la frente, y al fin se marcharon hacia el manzano que tanto adoraban.

    Estuvieron por un par de horas disfrutando la compañía del otro, dedicándose caricias y besos, y profesándose todo el amor que se tenian. Pero lo que ellos no se dieron cuenta, era que los estaban observando en un lugar no muy distante de donde ellos se encontraban.
    Se trataba de otro ángel y demonio, mas su estadía allí era con el fin de averiguar lo que los enamorados hacían, no hacia falta decir que sus intenciones de delatarlos eran enormes, ya sea por que estaban quebrantando las leyes, y por que ellos también estaban enamorados, y ahora ambos sabían por que sus sentimientos no eran correspondidos. Así que cada uno se marcho a su respectivo hogar a reportar la abominación que estaba sucediendo, claro según su punto de vista.

    Cada uno, fue directamente hasta sus superiores para relatarle lo sucedido, lo cual dejo alterados a unos y consternados a otros, pero inmediatamente mandaron a sus guardianes en busca de aquella pareja que tuvo la osadía de cometer aquello.

    Mientras que en el manzano, los dos enamorados estaban de lo mas felices por estar con la persona que amaban.

    —Te dije ya lo mucho que te amo mi pequeña—le decía el peliplateado a la bella azabache que tenia presa en sus brazos.

    —No las suficientes mi amor—decía la ojimarron mientras besaba a su amado—podrías…

    Pero no pudo terminar su frase ya que fue interrumpida, por un terrible relámpago que callo justo delante de ellos. Pero su miedo aumento al ver que de el salía un ángel ejecutor, y que de atrás de el aparecía un demonio guardián.

    —Kagome Higurashi, por haber roto las leyes al intimar con un demonio, eres condenada al juicio máximo en los cielos—dijo serio el ángel, y de un movimiento que nadie pudo ver, rebato a Kagome de los brazos de Inuyasha.

    —Uhh pequeño ángel, si que estas en problemas, jaja—se burlaba vilmente el demonio, que por primera ves hablo—a ver, ahora quien es que me debo llevar—miraba para todos lados, ya que Inuyasha no se encontraba debajo del manzano.

    — ¡Suéltala maldito infeliz!—cuando el ojidorado pudo reaccionar, y ver lo que estaba sucediendo salto como un loco encima del ángel guardián, con la esperanza de salvar a su amada. Pero fue en vano ya que sin el mínimo esfuerzo el ángel pudo esquivar aquel ataque.

    —Tu, asqueroso demonio, no te metas en lo que no te incumbe…y tu—dirigiéndose, al demonio que tenia que encargarse de llevar a Inuyasha—encargate de hacer tu trabajo.

    —Si, si ya voy—y de un rápido y certero golpe dejo al peliplateado inconsciente—estos ejecutores si que tienen mal carácter ehh.

    — ¡Inuyasha! ¡Inuyasha!—gritaba desesperada la chica al ver como habían golpeado a su amor—por…por favor…no le hagas nada…—le pedía suplicante al demonio que la miraba sorprendido, pero cambio su semblante al ver cono el ángel encargado de Kagome la golpea en la nuca para dejarla inconsciente.

    Y sin más que decir cada uno se dirigió a su destino.

    Al llegar a los cielos, Kagome fue llevada a los altos tribunales donde se llevaría a cabo su juicio. Seria juzgada por quebrantar la más importante de las leyes. El juez seria Dios y el jurado los arcángeles.

    El juicio comenzó con la declaración del ángel que reporto el hecho, seguido por la muestra de las buenas labores que la azabache llevo a cabo. Ella era un muy buen ángel, y uno de los más queridos, y eso hacia muy difícil que el Dios omnipotente tomara una decisión. Así que prefirió interrogarla para ver que era lo que ella decía.

    —Dime mi pequeña ¿Por qué has roto nuestras leyes?—le pregunto con amor a la ojimarron, la cual se encontraba de rodillas en el piso, con múltiples ataduras.

    —Yo…yo lo lamento mucho mi señor, pero yo no me arrepiento de lo que hice y jamás lo haré…yo lo amo demasiado y nunca dejare de hacerlo—lo dijo sin la mas mínima pizca de vacilación al declarar sus sentimientos.

    Su señor pudo ver que esos sentimientos que tenia el pequeño ángel eran totalmente puros, a pesar de que al que se los profesaba era a un demonio. Pero en su gran misericordia, la perdono, aun así tenia que castigarla y eso es lo que haría.

    —Después de meditarlo muy bien eh decidido que tu castigo será el destierro—se levanto del lugar y miro a los ejecutores para que cumplieran lo designado, y volteo la vista llena de amor nuevamente hacia Kagome—espero que después de todo esto puedas ser feliz—y sin decir nada mas se marcho del lugar.

    A Kagome se la despojo de sus poderes y aureola y sus alas se le fueron arrancadas, desapareciendo así todo indicio que fue alguna vez un ángel. Se borraron todos sus recuerdos y la mandaron a la tierra para que pueda vivir como una mortal.

    Mientras que en el infierno…

    Inuyasha estaba frente a su señor, siendo juzgado por el, pero no se presentaron pruebas ni testigos, ya que las intenciones del señor de las tinieblas no era matarlo o hacerle algo peor, solamente quería saber como uno de sus mejores sirvientes pudo haber caído con un ángel. Pero el peliplateado no se inmutaba en contestar siquiera la mas mínima pregunta, el solo pensaba en su pequeña, de lo que estaría pasando en estos momentos por su culpa, porque el se culpaba de todo, si el no se hubiera dejado llevar por el amor que sentía hacia ella, jamás estaría pasando todo aquello.

    Así que cansándose de esa situación de la cual no sacaba ningún provecho tomo una decisión, teniendo muy en cuenta el destino que recibió aquel ángel ya que tenia claro que el castigo que le designaron.

    —Inuyasha, tu eres uno de mis mejores sirvientes, por lo cual no puedo perderte—le dijo al ojidorado mientras se dirigía a sus aposentos—pero, quedaras relegado de tus trabajos en la tierra, por unos dos siglos—y tan siquiera mirarle se marcho dejando solo al peliplateado.

    Inuyasha no le importo en lo mas mínimo el destino que se le fue impuesto, ya nada le importaba, sabia muy bien el destino que le toco a su ángel, la muerte. Al menos eso pensaba el.

    <<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

    Y así pasaron los años, en la tierra una bella muchacha de un largo cabellos azabaches y hermosos y expresivos ojos, recibía su titulo de doctora. Su vida era muy buena, tenía una hermosa familia que la amaba y apoyaba en todo, pero algo le faltaba, y aunque no tenia en claro que era, sabía muy bien que se trataba de lo más importante para ella.

    Y en los confines del infierno, un atractivo demonio se encontraba perdido en sus recuerdos, en los hermosos momentos que paso con su amada Kagome, pero eso ya no importaba, pues ella estaba muerta y lo único que quedaba eran esas valiosas memorias.

    Pero nadie sabe lo que puede traer el destino o las retorcidas decisiones que pueda tomar cierta entidad para divertirse un poco.

    Continuara...


    Última edición por Kagome Hi Taisho el Lun Ago 29, 2011 9:48 pm, editado 1 vez (Razón : me olvide de colocar algo)
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    MensajeTema: Re: Ángeles y Demonios.   Mar Ago 30, 2011 7:55 pm

    Tan diferentes, pero el sentimiento del amor es más que cualquier otro.

    Tines unos fallos ortográficos, no hay problema,no te preocupes xD.

    inu3 Inuyasha... sabes, como digo, prefiero a Inuyasha con Kikyo xD. Pero tu historia está muy bonita :3, el amor es más fuerte que el odio que tienen los demonios, a los ángeles xD.

    Linda historia (Capítulo), espero conti >.<' xD.
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    Kagome Hi Taisho

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    MensajeTema: Re: Ángeles y Demonios.   Jue Sep 22, 2011 5:24 pm

    Capitulo 1: Ambicionando almas.

    Muchos siglos habían pasado desde la última vez que se vio en ese estado al rey de los condenados, su aura demoníaca era totalmente oscura y devastadora, hasta sus mismos súbditos temían por sus vidas.

    Estaba completamente furioso, la única vez que no pudo obtener el alma que tanto deseaba fue en la época antigua, y juro que nunca mas se quedaría sin lo que quería, pero ese hecho volvió a ocurrir, sin embargo esta vez había una diferencia, no era una, sino decenas, cientos de almas las cuales se escapaban de sus manos, y todo por causa de un simple mortal. Puede que alguna vez aya sido un ángel, pero ahora era simplemente un humano ordinario, más con simples sonrisas o algunas palabras tenía el poder de cambiar los pensamientos de las personas, haciendo que estas ahora caminen por el buen camino. Esas eran las cosas que simplemente no podía comprender y eso lo sacaba completamente de sus casillas. Pero obviamente esto no se quedaría así, claro que no, obtendría el alma de esa chiquilla sea como sea, le estaba causando muchos problemas, y eso no le convenía, y a pesar de que ella aun permanezca bajo el manto de Dios, se valdría de cualquier artimaña para apoderarse de ella.

    Semanas pasaban, y las cosas no cambiaban, los trabajos que realizaban sus secuaces no tenia fruto alguno, siempre esa chiquilla lo frustraba todo, primero era con sus vecinos, allegados y compañeros de clases, pero desde que empezó a trabajar en ese bendito hospital la suma de almas perdidas había aumentado. Tenia que hacer algo inmediatamente, pero los intentos que había realizado hasta el momento habían sido un rotundo fracaso, su alma era demasiado pura, y eso empeoraba las cosas. Pero de repente un recuerdo paso por su cabeza dándole una idea, después de todo si había una forma de obtener lo que quería, aun que eso lo llevara a contradecirse a el mismo, mas eso que importaba, después de todo el era el rey de los engaños y mentiras, y se valdría muy bien esas dos armas para lograr su cometido.

    Mientras tanto, en la entrada del infierno…

    A lo lejos se podía observar un desfile de condenados, que eran dirigidos a su destino por tres demonios. Dos de ellos eran hombres y el ultimo una mujer.
    El primero era moreno, de cabellos oscuros y lo suficientemente largos como para atárselos con una coleta, traía puesto unos pantalones sueltos de color azul oscuro, iguales que sus ojos, y al término de la espalda le sobresalía una pequeña cola, el estaba en uno de los lados de la fila de almas. La segunda era una muchacha de cabellos cortos, que eran sujetados por un pequeño listón rojo, igual al color de sus ojos, traía puesto un vestido bastante corto y con un pronunciado escote, era de color negro al igual que las prendas y el lazo que cubrían distintas partes de su cuerpo, y como complemento al vestido, un obi amarillo en la cintura, ella estaba en la parte contraria de la fila. Y el último, era un demonio perro, de largos cabellos plateados, de su cabeza sobresalía las pequeñas y características orejas de perro, perteneciente a ese tipo de demonios, y en su frente dos pequeños montículos en forma de cuernos. Su vestimenta solo consistía en un pantalón de cuero, el cual le quedaba pegado al cuerpo, pero lo que mas llamaba la atención eran esas orbes doradas, de cual el muchacho era dueño, mas ellos carecían de vida, daba la impresión de que hubiese perdido algo muy importante, el parecía el líder ya que iba al frente y daba las ordenes.

    Siguieron la marcha hasta llegar al abismo del lugar, ya que ahí era el destino de esos desdichados. El moreno se dedico a ver que todo terminara bien, para concluir su trabajo por ese día, y la chica se acerco lenta y sensualmente al ambarino, el cual se encontraba inmerso en su mundo.

    —Inu…—pronuncio su nombre de una forma muy coqueta—Inuyasha…—mas seguía sin recibir respuesta— ¡Inuyasha!—grito con su poca paciencia acabada.

    — ¿Eh?—contesto el aludido, un poco confundido y enojado de que lo molesten—ah eres tu… ¿Qué es lo quieres?—no soportaba a esa mujer, siempre se la pasaba fastidiándole la vida.

    —Tsk, idiota…deberías tratarme con mas respeto—y ante una mirada desinteresada del muchacho, se marcho del lugar completamente colérica— grandísimo inbesil, sigue menospreciándome como si nada…pero—una sonrisa apareció en su rostro y voltio para atrás en la dirección donde se quedaron sus compañeros—si supieras que fui yo la que le avise a nuestro señor de tus encuentro con ese estupido angelucho jaja, ahora ya no importa, y aunque vos no lo quieras algún día serás mío—y tras ese pensamiento volvió a emprender su marcha.
    Una ves terminada tarea del día los dos hombres se marcharon del lugar, para dar el reporte de su trabajo.

    —Oye amigo, vos si que no tenes el menor tacto con las mujeres—comento el moreno, rompiendo el silencio—se nota a leguas que Yuca esta loquita por vos.

    — ¡Keh! Esa mujer esta loca, y para tu información eso me tiene sin cuidado—espeto molesto el ambarino, sabia perfectamente que Yuca estaba detrás de el, pero no le importaba en lo mas mínimo, y para el colmo el libidinoso de su amigo se lo vive comentando.

    —Es por ella ¿Verdad?—le pregunto algo muy obvio, haciendo que Inuyasha frunciese el ceño—amigo ya es hora de que la olvides, por mas que hagas ella no volverá a tu lado, y tienes toda una eternidad por delante.

    — ¡¿y a vos quien te pidió opinión?! Mira Miroku, por más que seas mi mejor amigo no voy a dejar que te metas en mi vida, esto es algo que no te incumbe a vos ni a nadie.

    —Pero Inuyas…—no pudo continuar ya que fue interrumpido por un enfurecido ambarino.

    — ¡Ya basta! No te lo voy a repetir Miroku, ¡No te metas donde nadie te llama! —y sin mas que decir se marcho del lugar sin rumbo fijo.

    —Hay amigo mío, nose como terminaras si sigues así…—miro resignado en dirección por donde se fue su mejor amigo, dio un ultimo suspiro y también se marcho del lugar, algo frustrado, ya que no podía hacer nada para ayudarlo.

    Inuyasha seguía corriendo, completamente enojado, quería alejarse de todo y de todos, ya estaba harto de que se metieran en su vida, nadie tenia el derecho. Odiaba su existencia, era tan insulsa y vacía, pero odiaba más la eternidad que venia sin ella a su lado, sin sus caricias, o sus sonrisas, nada tenia sentido sin su Kagome. Sin duda esa era la peor tortura que podían haberle dado, hubiese preferido morir aquel día, mas su suerte no fue tanta como para terminar con ese final.

    Recorrió un largo camino sin darse cuenta, y cuando reacciono estaba en el castillo de su señor, estaba por entras mas una vos chillona lo detuvo.

    —Inuyasha, que bueno que te encuentro, mi amo bonito requiere tu presencia—le comento aquel pequeño demonio verde, que parecía un sapo.

    —Esta bien Jaken, ya voy… ¿Y sabes que es lo que necesita?—le preguntaba curioso el ambarino, ya que desde aquel día, no requerían su presencia.

    —No, es algo que deberás hablar con mi amo—y sin decir nada mas se perdió por uno de los tantos pasillos del lugar.

    El ambarino siguió caminando por los lúgubres pasillos del castillo, entro en la habitación principal, que era como una especie de sala, con decoraciones parecidas a los antiguos castillos de la edad media, camino hasta el centro, donde se encontraba su señor, recostado en su trono.

    —Inuyasha…has llegado—pronuncio sin abrir sus ojos.

    —Si mi señor—haciendo una reverencia se acerco hasta quedar enfrente— ¿Qué necesita de mí?

    —Te tengo una misión, la cual solo tú puedes cumplirla…

    —Solo dígame de que se trata y con gusto haré lo que me pida.

    —Necesito que vayas a la tierra, hay un alma la cual deseo y quiero que me la traigas—abrió sus ojos por completo, y una pequeña sonrisa apareció al ver la cara de sorpresa de ambarino.

    — ¿A… a la tierra?—eso si que lo dejo sorprendido, de todas las cosas jamás pensó que le diría eso— ¿Quién es el dueño del alma?

    —Eso…—se levanto y quedo de frente con el muchacho—es…de tu querido ángel—y antes de que Inuyasha dijera algo coloco su mano en la cabeza del muchacho y con una sonrisa malévola manipulo todos los recuerdos que tenia de aquel ángel que tanto amaba—ahora esto si que se pondrá divertido…vamos a ver si eres capas de recordarla antes de condenar completamente su alma.

    Llamo a unos de sus sirvientes y le ordeno que lo llevase a la tierra, y que se asegurase de que terminara en el hospital de Tokio, y no importaba el revuelo que armara, solo tenia que asegurarse que el termine en ese destino. El demonio acepto haciendo una reverencia, y con el ambarino a cuestas se marcho del lugar.

    ************************************************

    En el hospital central de Tokio…

    “Todos los médicos, residentes y demás personal de hospital, prepárense por que tenemos una emergencia. Hubo un choque múltiple en la avenida principal y la mayoría de los heridos vienen para el hospital”

    Pronunciaba por medio del altavoz el director del instituto.

    Por los pasillos de quirófanos caminaba presurosa la doctora Higurashi, una mujer sumamente bella, de rasgos finos y elegantes, su larga cabellera azabache le caía como cascada sobre su espalda y contrastaba con su blanca piel, sus ojos eran marrones sumamente expresivos y hermosos, traía puesto un pantalón de vestir con una camisa a juego, al igual que sus zapatos, y por ultimo una bata blanca. Era la cirujana principal de todo el hospital y tenia que preparar todas las cosas más importantes.

    — ¡Doctora! ¡Doctora!—gritaba una de las enfermeras hasta llegar con la azabache—el primer herido llego, necesita cirugía.

    —Esta bien Tomoko, que lo manden a la sala uno, yo ya voy para allá.

    Al entrar en la sala ya completamente higienizada y vestida para la operación, reparo en el joven, que a pesar de estar con muchos raspones en la cara y algo de sangre se veía que era muy atractivo, sus cabellos negros estaban pegados en su cara lo que de alguna forma le parecía tierno, los arreglo dejándolo a un lado y cuando lo vio fijamente un deja vu le recorrió el cuerpo. Dejo eso por un lado por el momento ya que tenia que empezar la intervención, por suerte esta fue satisfactoria.

    Cuando por fin pudo concluir con todas las operaciones que tenia, decidió ir a ver al muchacho que opero al principio, el le dio mucha curiosidad, sentía que lo conocía de algún lado, pero no tenia en claro de donde. Entro a la habitación 113, que era donde se encontraba y para su sorpresa el estaba completamente despierto mirando hacia la ventana.

    —Me alegro que ya te encuentres bien, pero me parece extraño ya que los sedantes que te administraron te harían dormir hasta mañana—le dijo mientras se ponía enfrente de el.

    Mas el chico al verla abrió sus ojos del asombro que se había llevado, y casi en forma de susurro hablo.

    —Kikyo…

    Continuara…
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